sábado, 27 de agosto de 2011

La casa nueva

Escrito por Zazel Paradise

Algo me olía cuando Rober (mi chico), me llamó para tomar algo. Estábamos demasiado liados con el trabajo para poder salir entre semana. Sabía que se estaba tirando a Claudia; pero ni de lejos me hubiera podido imaginar la verdadera razón de aquella cita inesperada. No me importaba que se la follara, era demasiado joven para poder atarlo o quitármelo. Estaba segura de que iba a ser algo pasajero y corto.

-Claudia me ha propuesto irnos a vivir juntos. – arrancó Rober.
-¡Qué dices!… Joder… y… ¿Qué pasa conmigo?… – pregunté alterada.
-A ella no le importa que te vengas a vivir con nosotros. No es por follar… está cansada de vivir con su hermana y es más una cuestión de compartir alquiler.
-¡Si claro! Que te la estás tirando joder… ¿Qué pinto yo en medio?
-Ella dice que no le importa, que no te preocupes por eso. Que si te molesta será discreta y no interferirá en nuestra relación.
-Pues… no sé… ¿que quieres que te diga?… – la verdad, me parecía una situación bastante surrealista.
-Mira… ya ha encontrado piso. Es de una chica que lo estaba compartiendo con otras dos que se han marchado. Seriamos tres chicas, contando contigo, y yo. Es un piso muy grande, con cuatro habitaciones. Si quieres vamos y lo vemos… y te tomas unos días para pensarlo. Dejando de lado que me folle a Claudia, es una oportunidad de estar los dos juntos.

Quedamos al día siguiente, al mediodía, para ir a ver el piso. Estaba en una muy buena zona. En pleno centro. Nos venía muy bien para ir al trabajo; y además, era un piso alto con muy buenas vistas.

Subimos; tocamos al timbre y nos abrió una chica bajita, delgadita, con el pelo corto y castaño y… completamente desnuda.

-¡Hola!… ¿Tú eres Rober… verdad?… ¿Y tú? – preguntó la chica, refiriéndose a mí.
-Hola Mayte – respondió Rober antes de que yo pudiera decir nada – Ella es mi chica… Zazel.
-Ah sí… ya me lo dijo Claudia… Pasar y os enseño la casa.

Y no es que seamos estrechos y conservadores, ni mucho menos, pero parecía que no tenía la más mínima intención de ponerse algo de ropa. Nos enseñó la casa completamente desnuda y nos sacó unas cervecitas al balcón, donde había unas mesas y unas sillas de terraza. Para rematar, en lugar de sentarse en una silla, se sentó en la mesa, sin dejar de estarse quieta; colocando las piernas de mil y una formas, mostrándonos mil y una vistas de su coño; incluso llegando a abrir las piernas del todo para dejárnoslo ver completamente abierto… y todo esto, sin dejar de mirar a Rober. Como si yo no estuviera.

Cuando salimos del portal no pudimos evitar reírnos a carcajadas; aunque la situación no me hizo mucha gracia.

-¿De qué coño va esta tía?… ¿la conocías? – pregunté a Rober, algo mosqueada.
-¡Qué va! Es amiga de Claudia; pero yo es la primera vez que la veo.
-¿No pensaría que vendrías solo?
-Y yo que sé… o es nudista o exhibicionista; lo que me preocupa es que esté colgada o algo así. Le preguntaré a Claudia a ver de que la conoce.

Dos días después estábamos de mudanza. Resultó que no solo Mayte era nudista… los vecinos también. Me picaba la curiosidad. Me apetecía probar a vivir en un piso, bueno, en un rellano, en donde todo el mundo iba a ir en pelotas y practicando el amor libre. Y eso sin contar con los amigos y amigas de Mayte, todos muy del rollo hippie y “haz el amor y no la guerra”. Podía ser divertido; por lo menos , si a Claudia le daba por estar en pelotas delante de Rober, no tendría por qué pensar mal y mosquearme.

Nos elegimos cada uno una habitación; de esta forma, evitábamos que Rober tuviera que decidir si compartirla conmigo o con Claudia. Total, follar podíamos follar hasta en la cocina.

Por lo menos durante la mudanza, Mayte estuvo vestida. Hubiera sido una risa verla ayudándonos en pelotas con las cajas, agachándose, poniendo el culito en pompa. Rober no lo hubiera soportado y se la hubiera tirado también… fijo. Pero no adelantemos acontecimientos, porque en esta historia hay mucho que contar.

La mudanza duró dos días. Dejamos allí nuestras cosas y durante dos o tres tardes íbamos arreglando y decorando nuestros cuartos. Nos esperamos al sábado para que el traslado fuera oficial y pasar allí nuestra primera noche.

Ese día, salimos y tomamos unas copas. Llegamos a la nueva casa a las cuatro de la madrugada. Mayte y Claudia ya estaban durmiendo. ¿Porqué no estrenar la nueva casa y echar nuestro primer polvo?. Nos metimos en la habitación de Rober. Era verano y él se quedó rápidamente en calzoncillos, sentado en la cama. Yo estaba quitándome la ropa cuando entró Mayte desnuda y se sentó al lado de Rober.

-Hola… ¿Qué tal? – preguntó.

Tenía siempre la misma sonrisa graciosa y contagiosa. Yo creo que era efecto secundario de los porros de maría; y directamente soltó:

-¿Por qué no te quitas los calzoncillos? – Rober sonrió.
-Es que a mí se me pone dura enseguida – contesto Rober, no muy acertado.
-¿Y qué? – respondió Mayte.
-Mujer… es que me dá un poco de reparo.
-Es que quiero verte la polla – la tía no se cortó un pelo.

Rober me miró. Yo me limité a sonreír y a encogerme de hombros. Se levantó, se quitó los calzoncillos y evidentemente, ya tenía la polla tiesa y dura. Se volvió a sentar al lado de Mayte. Esta, que no había apartado la mirada de la entrepierna de Rober, se quedó un instante mirándole la polla y directamente se la empezó a tocar, con suavidad, cogiéndosela con la mano, haciendo los movimientos como si le estuviera dando una paja, pero despacito. Yo… flipaba…

No sentía celos. Me parecía una situación graciosa, ¿o serían las dos copitas de más que llevaba?

-¿Follamos los tres? – preguntó de improviso Mayte.

Se hizo un silencio

Mayte seguía pajeando a Rober muy despacito. El silencio debió durar más de lo debido y Mayte lo interpretó como un no; viendo además que no dejábamos de mirarnos sin decir nada.

-Bueno… si quereís, follaís vosotros dos y yo miro.

Terminé de desnudarme. Rescaté la polla de Rober de las manos de Mayte y de rodillas, comencé a chupársela .

No lo pensé. O se la chupaba yá, o en cualquier momento terminaría salpicándole la cara a Mayte si seguía tocándole así la poya; porque aquello, ya se estaba convirtiendo en una paja en toda regla. Ella se sentó en la cama, apoyando la espalda en la pared, se abrió de piernas y comenzó a masturbarse. Nosotros fuimos a lo nuestro; ignorándola totalmente. No estábamos acostumbrados a esas situaciones.
Follamos como si Mayte no estuviera; aunque de vez en cuando, nuestros cuerpos se rozaban y la oíamos gemir constantemente.

Un rato después, estábamos los tres desnudos sentados en la cama fumando unos cigarrillos y terminando unas cervezas. De improviso, se abrió la puerta de la habitación y entro un tio alto y moreno, con la poya colgando… era el vecino.

-¿Pero que haceís despiertos todavía? – preguntó.
-Anda… siéntate con nosotros un ratito – respondió Mayte.
-¿Qué dices?… Mañana trabajo. Vente a la cama.
-Bueno… hasta mañana – y salieron de la habitación.

Rober y yo nos miramos y nos quedamos un instante esperando a ver quién de los dos decía primero: ¿Pero dónde coño nos hemos metido?… y es que esta historia no ha hecho más que empezar.

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